martes, agosto 01, 2006

La solidaridad

Comienza el mes de agosto, mes de gatos, de cuidar a los viejos y de la solidaridad, por el Padre Hurtado. Y al respecto, se me vino a la cabeza una conversación que hemos tenido con mi mujer en innumerables ocasiones, en relación con el espíritu solidario de los chilenos, en la que llegamos siempre e indefectiblemente a la misma conclusión: los chilenos NO somos solidarios, somos asistencialistas quizá, dadivosos si se quiere, sensibles ante la adversidad climática o terremotística, pero solidarios, ni por si acaso.

Ahora bien, si nos atenemos a la definición de la RAE, sin duda, el pueblo chileno reviste estos caracteres, toda vez que la solidaridad se define como la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros. Pero me parece que quedarnos en una simple adhesión con fecha de caducidad, sin ninguna proyección en el tiempo, no se acerca a la idea de caridad que debe llevar en sí el ser solidario. No quiero convertirme en ni en censor ni modelo de nadie (sería patético), pero estoy convencido que el ayudismo sin amor, sin contenido profundo y la solidaridad sólo motivada por hechos puntuales y dejada de lado una vez pasada la motivación, dista mucho de lo que como seres humanos y hermanos unos de otros debemos hacer.

Cosas tan simples como pedir permiso al tratar de avanzar en una multitud, despejar las salidas del carro del metro si falta mucho para la estación en que me voy a bajar, dejar bajar antes de subir, no pagar dos lucas en el supermercado con tarjeta de crédito o cheque, ocupar correctamente las cajas express o las preferenciales, dejar desocupados los estacionamientos reservados para discapacitados o embarazadas, o abrir la puerta o mantenerla abierta para el que viene saliendo o entrando a un lugar, son ejemplos de todas aquellas pequeñas, incluso tontas, cosas que los chilenos no hacemos (pero queremos que hagan por nosotros) y que de hacerlas, nos harían la vida más grata y nos humanizaría. "Lo cortés no quita lo valiente", dicen.

En este mes de la solidaridad, los invito a partir de lo simple, mínimo y hasta nimio, para poder llegar a hacer cosas más grandes por los demás y por nosotros mismos, como decía un amigo, los invito a hacer pequeños actos de amor, porque, para mí, de eso se trata realmente el ser solidario: amar y más amar.

1 comentario:

Mallén dijo...

Es tan sencillo andar por la calle con una sonrisa... El problema es que la raza homo chilensis es reactiva por naturaleza, y medio amnésica también.
No dudo de que todos tendemos a hacer un mea culpa con eso de que somos solidarios solo cuando se nos presiona a serlo... a mayores señas, no conozco al chileno que no se sepa la cuenta de la Teletón, aunque sea a fuerza de repetición en un par de días al año (porque nadie, NADIE deposita en la famosa cuenta en los otros 363 días del año).
Somos perezosos en la proacción. Ese es nuestro drama.