lunes, julio 30, 2007

Entrevista virtual

Me entrevistó mi comadre Mallenchu, que es una periodista de verdad y no sólo de vocación. Tratando de ser lo más sincero posible, ahí van mis respuestas.

1. Relata el día más feliz de tu vida.

Yo creo que hay varios: el día que nació el Ignacio, a pesar de todo lo que corrimos, porque fue parto por cesárea de urgencia, pues en la ecografía de control que se tomó la "chica" en la mañana el doctor se percató que el niño no estaba creciendo y nos mandó a hablar con el ginecólogo porque había que operar ese día. El mejor minuto fue cuando el Nachito ya había nacido y lo habíamos conocido, y se lo llevaron llorando para el examen del neonatólogo, pues al escuchar mi voz se calmó y se portó como un caballerito. Luego me tocó ir a dejarlo a Neonatología de la clínica. Impagable.
Otro día feliz fue el 18 de octubre de 2000, en que me puse a pololear con la Claudia,porque llegué con una rosa a la Vicaría, que había comprado temprano (me gané suspiros de ternura de unas escolares cuando me vieron con la dichosa flor), todas mis amigas en la Vica me molestaron con que era para ellas, y luego se la entregué, junto a un poema, y me dijo que sí, y todavía no se arrepiente (y yo tampoco).
Finalmente, el día que por primera vez hicimos el amor (no contaré más, porque no me incumbe sólo a mí), sobre todo porque era la primera vez de ambos y el inicio de un hermoso camino de descubrimiento que hemos hecho juntos.

2. ¿Cuál es tu bebida favorita, y por qué?

Acogiendo el concepto restringido, la bebida gaseosa que más me gusta es la Sprite Zero, junto a la Quatro, siempre que sea helada, y antes la Limón Soda, creo que porque me gustan esos sabores más bien alimonados y cítricos, lo que nos lleva a que me gusten como tragos el Tequila Margarita, la Caipirinha o el Pisco Sour, pero en alcohol prefiero un buen Merlot o un Rose, o para algo más íntimo champagne (sí, es afrodísiaco).

3. Si pudieras hacerle tres preguntas a Dios (con respuesta cierta de vuelta)... ¿Qué le preguntarías?

¿Cómo se puede amar a personajes como Hitler, Franco, Pinochet o Stalin, por ejemplificar?
¿Qué tan terrible fue lo que vio la mujer de Lot como para convertirla en estatua de sal? ¿Algún secreto de fe?
¿Podrías enseñarme mil maneras de dar la vida por los amigos?

4. ¿Le temes a algo? Si es así... ¿A qué?

Al fracaso, me persigue, me acosa, desde lo más simple a lo más complejo. Ya conté el rollo de la bicicleta en el blog, pero me impedía hablar con las niñas que me gustaban o para sacarlas a bailar en una fiesta, por si me decían que no. Ligado con lo mismo, miedo a no cumplir con las expectativas. Mucho más antes que ahora parecía permanentemente en competencia contra alguien, generalmente yo mismo. Era tan patético y notorio mi nivel de autoexigencia (y también el que sin querer me impusieron mis papás) que mis compañeros de curso sabían si me había ido bien en una prueba por la cara con la que me devolvía a mi asiento después de retirar mi nota desde el pupitre del profesor.

5. ¿Cómo crees que será el Andrés de 70 años? ¿Dónde y cómo lo ves?

Si la historia es cíclica y siguiendo lo que fue mi abuelo a esa edad y cómo mi papá va para donde mismo, me debiera imaginar como un viejo canoso, pelado y enojón, sentado en un sillón viendo tele y parándose para ir al baño, para comer, para dormir, para dar un paseo por el puerto en San Antonio o para ir al cuarto de las herramientas, lugar de refugio personal. Como la historia se puede corregir, pues no creo en el eterno retorno postulado por los griegos, cambio el televisor por un libro y una chimenea, el cuarto por una biblioteca y musicoteca amplísima, y los paseos por viajar por donde quiera, abrazado con mi mujer y ojalá de la mano de alguno de mis nietos. Lo pelado y enojón, no hay milagros para eso.

sábado, julio 28, 2007

Cadena de (entre, para) bloggers

Mi comadre me invitó a participar en un juego/cadena entre bloggers.El nombre del asuntillo éste es “me-me” (“mi-mi”, o sea “yo-yo”. Ideal para ególatras).

Las reglas son las siguientes: cada jugador cuenta 8 cosas sobre sí mismo; antes de exponer tus ocho tópicos, debes incluir las normas básicas del jueguito en el mismo blog para que el resto no se pierda; y debes invitar a otras ocho personas a seguir con esta dinámica. Ojo, que no hay que olvidar el postear en los blogs de los ocho elegidos avisando que han sido seleccionadas para este juego. Salvedad: en mi caso no tengo ocho bloggers, pero igual no más.

Ahí van mis ocho:

La bicicleta: Uno de los rasgos más acentuados de mi personalidad es una bajísima tolerancia a la frustración, sumada a una autoexigencia un poco enfermiza, extrapolada a los más diversos e insulsos tópicos de la vida. El episodio paradigmático de esta tan poco sana costumbre ocurre aproximadamente cuando tenía 6 o 7 años. Como es habitual a esa edad, yo tenía una bicicleta que me habían regalado en Navidad, en medio de un aparataje complejo, para que no me diera cuenta del dichoso regalito (dato Rossa: era de marca Lahsen. ¿Se acuerdan del pololo con cara de pavo que tenía la Bolocco cuando la eligieron Miss Universo?). Como es lógico, aprendí con las ruedas traseras puestas, acompañado por mi papá, que se daba el tiempo para pasear conmigo y darme instrucciones, amén de vigilarme (tengo un papá un poquito aprensivo, afortunadamente no tengo hermana). Todo bien, andaba fantástico, rápido, usaba bien los frenos, era capaz de andar en la bicicleta levantándome del sillín, etcétera. Pero... un día cualquiera, mi padre estimó suficiente el período de aprendizaje y decidió hacerme practicar sin las rueditas salvadoras. Resultado: no me equilibré nunca en toda esa tarde, me caí varias veces, mi papá se aburrió y se enojó conmigo, y desde ese momento, NUNCA más me subí a una bicicleta, y puedo decir que no sé andar en ella.

Una inocente escondida: Imagínense la siguiente situación: niño de tres años desaparecido después de haber salido a jugar con los vecinitos de la casa de enfrente. Siga imaginando a todos los vecinos movilizados, una madre, abuelos, tíos y demás parientes poniéndose histéricos, elucubrando las más descabelladas teorías sobre cómo se perdió el niño y dónde se pudo haber metido, como para haberse esfumado de la casa de enfrente sin que nadie se percatara. Después de varias horas sin rastros y registrando la citada casa, aparece el pequeñín, o sea yo, ...durmiendo profundamente detrás de un armario, donde se había metido jugando a las escondidas.¡Plop!

Declaración de principios: Miércoles 11 de octubre de 2000, pasadas las 11 de la noche. Después de poco más de un mes de una amistad crecientemente "amistosa" y unos pocos más de compartir en el equipo de Liturgia de la Vicaría de Pastoral Universitaria (en adelante VPU), le daba el primer beso a mi actual señora, mientras la acompañaba a tomar locomoción a su casa, desde el centro a La Florida, luego de haber visitado a unos amigos y haber dilucidado la incógnita respecto a si era yo u otro amigo el dueño de sus afectos (guardaremos su nombre, pues algunos de mis lectores lo conocen y bastante), e instantes después que este mismo personaje tomase sólo Dios sabe qué micro, cuando captó que comenzaba a "estorbar". Se imaginarán un minuto romántico, un abrazo y una conversación amorosa, en fin. Pues, no. El lindo se mandó flor de declaración, siendo una de las primeras, sino la primera oración, algo como "Quiero advertirte que soy muy celoso", derivado esto de que yo sabía que eventualmente había otra persona por ahí, muy cercana a mi Claudia. Sencillamente... idiota. Creo que dije algunas otras linduras acerca de mí mismo. Aún hoy nos da risa.

Mi camita: Cuando era chico, aproxiamdamente hasta los cuatro años, vivía en la casa de mi Mamita Julia (mi abuela materna), en una parte del terreno en que mi papá, con ayuda de mi tío Julio, había edificado un dormitorio, un living comedor y una cocina, que fue mi primer hogar. Allí pasé prontamente de la cuna a una cama de plaza y media, muy parecida a la de mis papás, durmiendo en la misma pieza. Esa cama es parte de toda mi vida, en ella dormí, en cada casa que viví, hasta que me vine a Santiago a la universidad, usándola sólo los fines de semana, y cuando me casé, me la traje y hasta el día de hoy es la cama de visitas y la que yo uso ante ciertas eventualidades. Lamentablemente, por asuntos de espacio en el vehículo en que la traje, tuve que intercambiar el somier con otra de las camas de la casa de mis papás. Ése es el mismo tálamo al que, por allá por 1986, le rayé con lápiz mina "Gol de Maradona", con horror para mi madre; el mismo en que lloré por desilusiones amorosas o derrotas de mi equipo de fútbol; el mismo que servía de trinchera para "jugar" con mi hermano, etc. Espero heredársela a mi hijo.

Quien canta su mal espanta: Mi vicio, mi catarsis, mi hobby, mi manera más propia de comunicarme con Dios. Todo eso y varias cosas más significa el cantar y la música en general, y afortunadamente, según me han contado y me he ido convenciendo, lo hago bien. Hasta mis estados de ánimo pueden graficarse con el hecho de si tengo o no ganas de cantar, o el tema que ando tatareando. Lo único malo es que no toco guitarra, por lo que siempre necesito de un partner que colabore y que se acople a mis gustos, lo que no es tan fácil.
La verdad no tengo idea cuando empecé con esto, pero parece que partí con "El rey" de Pedro Vargas en el patio de la casa de mis abuelos maternos. Ya más grande y como todo cantante que se precie de tal, tuve de escenario el baño de mi casa, y hasta mis vecinos me escuchaban, al punto de que mi vecina del lado le dijo a mi mamá con mucha simpatía que sabía pefectamente cuando yo estaba en el baño. Me he sorprendido (y creo que por desgracia cada vez menos) cantando mientras voy por la calle; de hecho, otra señora del barrio se reía mucho por el hecho de escucharme ir por la calle prácticamente a voz en cuello entonando lo que se me viniera a la cabeza. Así he seguido, cantando por mi curso en el colegio, en coros de parroquia, en la VPU, con amigos en pseudo grupos musicales, en múltiples reuniones sociales (café concerts, metrimonios de amigos, fondas, etc.), y por Dios que me ha hecho feliz. Ahora que no estoy en coro, la verdad es que me lo hecho en falta, porque el solo escuchar música se me ha hecho insuficiente, pero confío en que volveré por mis fueros.

La vocación: He sido cercano a la Iglesia Católica desde muy niño, acompañando a mi madre, a mis abuelitas y a mi abuelo materno a misa, al Mes de María, a las festividades de Semana Santa (incluso la Adoración de la Cruz y la Vigilia Pascual). Estudié en el Instituto del Puerto de San Antonio, a cargo de la Congregación de Hermanos del Sagrado Corazón, donde participé durante muchos años en distintas actividades pastorales, siendo el casi sempiterno delegado de Pastoral de mi curso. Hice misiones urbanas, realicé mi confirmación, iniciara mi participación en coros y que durante algún tiempo haya pasado más tiempo en la parroquia o en situaciones y lugares vinculados a ella más que en mi casa o en el colegio. Después seguí en la Residencia Universitaria Cardenal Caro y en la VPU. Supongo que todo eso explica que tres veces entre los 16 y los 21 años me hayan preguntado si tenía alguna vocación religiosa distintos curas o laicos consagrados y que mi propio padre haya creído que yo no me iba a casar, sino que iba a ser sacerdote, como se lo contó a mis suegros ¡el día en que conversaron acerca de nuestro matrimonio! (cosa que yo no sabía). Bueno, como se darán cuenta, aquí estoy con un hijo, felizmente casado, y tratando de ser buen cristiano, desde la vocación que me tocaba realmente.

El fútbol, bendito fútbol: Éste es mi otro gran vicio. Aclaro que no soy de ir al estadio, por plata y por las barras bravas; de hecho, puedo decir que el Nacional lo conocí yendo a un recital de homenaje al Che Guevara antes de ver un partido y que a Santa Laura sólo he acudido dos veces (tengo suerte, la primera vez la Unión subió a primera y la segunda, fue el primer partido de la final con Coquimbo el 2005). Alguien dirá, con justa razón, que no tiene gracia alguna que a un hombre latinoamericano se apasione con la pelotita, que es casi genético, pero esto es más profundo. Soy hincha de Unión Española, que la última vez que había salido campeón con anterioridad al Apertura 2005 fue en 1977 (yo no había nacido) y además chileno/español (los desafío a encontrar países más frustrados futbolisticamente hablando), pero a mí me gusta el fútbol, venga de donde venga. He gastado cuadernos completos, hojas sueltas varias, diskettes y ahora espacio en el disco duro, amén de diarios, posters, revistas, albúmes (sin completar ni uno), acumulando formaciones y estadísticas de fútbol (también lo hago con otros deportes. A modo de ilustración, tengo las formaciones de todos los equipos de todos los Mundiales adultos y he visto la mayor parte de los partidos de estos certámenes desde 1986 en adelante.
Pero lo que grafica más mi fanatismo (afortunadamente no tengo cable, sería una locura) fue un día por ahí por 1992 o 1993 que vi en la mañana la final escolar de un campeonato de futsal auspiciado por Bilz y Pap, seguí con fútbol español y para rematar el partido final de la liguilla por el ascenso a Segunda División, es decir Tercera División, casi en rotativo, y quizá un partido del campeonato nacional un poco más tarde. Mujeres, odienme.

Pudor: Es sabido que hay mucha gente que le carga ir al baño en otros lugares que no sea su casa, ni siquiera el colegio o las casas de los parientes, en casos más extremos. Yo por ejemplo casi no podía defecar en el colegio.
En mi situación particular, el problema es otro, atenuado con el paso de los años, es producto del pudor (o vergüenza si se prefiere), sumada a la estúpida creencia que la vejiga es un depósito sin fondo y a la confianza ciega en que voy a llegar a un baño seguro. Ya se habrán dado cuenta: me carga orinar en la calle. Cuando uno es adulto esto no provoca mayores inconvenientes, salvo el dolor, el posible riesgo de una infección (cistitis)o el llegar corriendo desesperado al W.C. más próximo, porque la continencia vesical ya está más o menos dominada, pero a los 9 años simplemente no. Al respecto una vergonzosa experiencia:
Una vez llegué corriendo a casa con deseos incontenibles de orinar, pero no alcancé. Tragicómicamente dejaba un rastro en el pasillo que conducía al baño de mi casa. Cuando arribé por fin al bendito retrete, ya no quedaba nada, todo estaba en el suelo, mis piernas y mis pantalones.
Esto casi me ocurrió de nuevo hace unos tres años atrás, pero justificado porque estaba haciendo mi práctica y el único baño era el público que tenía la Municipalidad de San Antonio, que había que pagar para usar y cerraba a las dos, o sea, si te daban ganas después cooperabas, porque en la Corporación de Asistencia Judicial no había W.C., así que un día iba saliendo como a las cuatro de la tarde y tuve que correr a la casa de mis papás, y por suerte no hubo desastre. Pero se me pasó esta tranca y si la angustia es mucha un árbol oculto, una muralla amiga o un sitio baldío son prácticos pa' darse un lujo, como diría el Profesor Rossa.

Mis elegidos, aunque no son ocho, son:
todonosecompra.blogspot.com
colmanletras.blogspot.com

Suerte y ojalá hagan un post al respecto.

miércoles, julio 04, 2007

Comentarios varios...

En medio de tanta sobredosis de fútbol, aborrecida por la mayoría de nuestras mujeres e idolatrada por quienes, como yo, estamos con tiempo de sobra para ver todo lo que de fútbol nos pongan por delante, salvo los partidos que TVN da después de la medianoche, me voy a dar un rato para comentarles algunas cosillas respecto a diversos temas de actualidad y otros no tanto:

1.- La infraestrucutura deportiva:Los diversos corresponsales en la Copa América nos han insistido majaderamente en los maravillosos estadios venezolanos, que son de nivel de Copa del Mundo, que se han gastado cerca de US $ 500.000.000 en reparación, remodelación y construcción de estadios y complejos deportivos por parte del gobierno bolivariano de Chávez, haciendo un odioso parangón con la triste y paupérrima realidad de los recintos chilenos ( lamentablemente cierta). Pero casi nadie se ha detenido a pensar que la riqueza petrolera que tiene el país de Bolívar les permite darse esta clase de lujos, amén del afán propagandístico propio de las naciones que se dicen a sí mismas comunistas o socialistas, según les convenga (antigua Unión Soviética, Cuba, Alemania Oriental, etc.), por lo que no parece nada de absurdo el inmenso nivel de inversión, sumado a que casi cualquier país latinoamericano tiene más cultura deportiva que Chile, aunque sea por puro pan y circo, donde el deporte y la recreación no son precisamente prioritarios, contrasentido total dados los altos niveles de obesidad, tanto infantil como de adultos, el alto grado de sedentarismo y la organización absolutamente amateur de la mayor parte de nuestras entidades deportivas, inclusas las de deporte de alto rendimiento (exclúyase el Progarma ADO Chile), y eso que Sergio Santander Fantini ya falleció.
2.- El "díscolorín" Zaldívar:Ya sabemos que el senador Adolfo Zaldívar es el paradigma de lo que se ha venido en llamar parlamentarios díscolos de la Concertación, denominación variopinta en la que se contienen algunos socialistas de viejo cuño, el inclasificable Nelson Ávila y los miembros de la corriente interna DC denominada "colorines" (amigos del sujeto en cuestión), los que, de seguro con buena intención, buscan que el gobierno y la coalición gobiernista rectifiquen el rumbo y vuelvan a "la gente", en particular a la clase media, los microempresarios y la lucha por una mejor distribución del ingreso, con cargo a la caja fiscal. Resulta altamente curioso oír todo esto del senador Zaldívar, quien en cada oportunidad, como ahora a propósito del bullado aumento de recursos para Atrasantiago, se encarga de dejarnos claro que él es algo así como el autoproclamado defensor de los oprimidos ya indicados, en contra de los poderes fácticos. Él, emparentado con la aristocracia más rancia de esta tierra (verbigracia: segundo apellido Larraín, su cuñada Hurtado); él, que reclama contra el gobierno por preocuparse sólo de los grandes empresarios, pero que tiene acciones en pesqueras de Angelini y no se inhabilitó para votar la Ley de Pesca corta; él, que... no sigamos. Al señor Zaldívar nunca le gustó la Concertación tal como se gestó, teniendo que aliarse con socialistas, ex Mapus y otros miembros de la Unidad Popular, así que sería mejor que este señor sincerase sus reales intereses y tomase de una vez por todas sus petacas y se fuese a otra parte donde quizá convenza a alguien de la rectitud de sus intenciones, porque hasta donde yo veo, el pelirrojo sólo está enfermo por no poder, sí, por no poder tener todo el poder que quiere poseer (valga la redundancia).
3.- Emblemático:En la última época se ha venido escuchando con frecuencia insoportable, en toda clase de ámbitos y a toda clase de periodistas, inclusive aquellos más reconocidos y destacados, usar a diestra y siniestra, a un punto que se puede calificar de agotador, para referirse a las más variadas situaciones y/o personajes que son característicos de alguna actividad, el vocablo "emblemático", denotando con ello, que son muestra o representación de algún grupo o suceso. Se preguntarán qué puede tener de particular esto y la respuesta viene sola: pobreza de lenguaje. Extracto para ustedes las definiciones de emblema y emblemático para que se entienda el concepto.
"emblema.(Del latín, latino o latina">lat.emblēma, y este del gr.ἔμβλημα, adorno superpuesto).
1. m. Jeroglífico, símbolo o empresa en que se representa alguna figura, al pie de la cual se escribe algún verso o lema que declara el concepto o moralidad que encierra. U. t. c. f.
2. m. Cosa que es representación simbólica de otra.
3. m. Bol. bandera(‖ tela que se emplea como enseña).

emblemático, ca.
1. adj. Perteneciente o relativo al emblema, o que lo incluye.
2. adj. Significativo, representativo. Un edificio emblemático."

Si se dan cuenta, el problema no es el significado de dicha expresión o vocablo, correctamente usado, pero, por Dios, ¿y los sinónimos?.

Una vez más queda meridianamente clara la pobreza y escasez existente en el uso de nuestro idioma castellano, siendo particularmente preocupante que esto suceda en personas preparadas y que han estudiado para usar la palabra para comunicar, y para ayudar a formar opinión en todos nosotros. Y después pedimos mejores resultados en las pruebas de evaluación de calidad de la educación y nos espantamos de los bajísimos resultados en Lenguaje y Comunicación. Sencillamente... emblemático.
Chaíto.